Algunos hombres buenos.

El gran éxito del fútbol radica en que todos lo disfrutamos convencidos de su sencillez cuando en realidad es verdaderamente complejo. Para seguir dormitando en nuestra pequeña sabiduría, construimos esquemas simplistas con los que creemos explicar el devenir del más aleatorio de los juegos. Uno de tantos es analizar el crecimiento y la caída de un equipo así: el fútbol se mueve por ciclos, lo que es casi tanto como no decir nada.
Pretender que existe una inercia inasequible que encumbra y después desnutre a los equipos por el solo paso del tiempo es una forma como otra cualquiera de mirar hacia otro lado. Cuando lo razona un aficionado, sucede que no se le ocurre nada mejor que decir; si quien teoriza así es un dirigente, lo que intenta es que a nadie se le ocurra un motivo para pedirle explicaciones.
Reflexiones de este tipo se han llevado por delante a Frank Rijkaard, primer cadáver identificado entre los escombros de un castillo de naipes. El gran Barça ha muerto después de una penosa enfermedad interna: la pérdida de valores, la autocomplacencia, el olvido del esfuerzo como referente diario ... y nocturno.
En "Cartas del diablo a su sobrino", C. S. Lewis reúne una colección de misivas de un viejo diablo a un sobrino, tentador principiante, para adoctrinarle, en un ingenioso índice del panorama de la vida moral y religiosa del hombre de nuestro tiempo. En una de las cartas, le dice al joven aprendiz acerca de su paciente: Supongo que el matrimonio de mediana edad que visitó su oficina es precisamente el tipo de gente que nos conviene que conozca: rica, de buen tono, supercifialmente intelectual y brillantemente escéptica respecto a todo. Deduzco que incluso son vagamente pacifistas, no por motivos morales sino a consecuencia del arraigado hábito de minimizar cualquier cosa que preocupe a la gran masa de sus semejantes, y de una gota de comunismo puramente literario y de moda. Esto es excelente.
La molicie y la pereza holgazana tientan a todos, pero con más fuerza que a nadie se acercan a los virtuosos. Quienes se dejan seducir a causa de su ligereza dejan una hilera de migas de pan a un diablo que ya sabemos que sabe más por viejo que por diablo.
Ostenta Frank un importante grado de culpa: el que le corresponde por no haber sabido acallar los cantos de sirena con voz firme y responsable; ni siquiera ha acertado a comerse las miguitas de pan para despistar al demonio. Pero ha sido el primero en purgar sus penas cuando realmente merecería ser el último. Ya hemos dejado claro lo que nos indignan los chivos expiatorios: el foco de la culpabilidad alumbra a unos pocos, dirigido con esfuerzo a la vez por muchos brazos interesados. Esa luz siempre oculta en la sombra a decenas de falsos inocentes.
Rijkaard construyó un equipo ganador y bello, ético y estético, de un romántico prag

matismo que convenció a todos. Supo integrar en los principios del credo del Barcelona las exigencias del fútbol moderno: presión arriba, búsqueda del robo, intensidad, trabajo físico, contras letales. Hizo crecer a talentos desorientados y llevó al paroxismo el vértigo ofensivo desde la disciplina defensiva. Conviene recordar sus méritos profesionales (sobre todo, para los descreídos del verso, sus dos Ligas y la segunda Copa de Europa en la historia del Barça) ahora que todos le despiden pañuelo en mano aplaudiendo sus virtudes personales.
La valía de una persona se demuestra mejor en las duras que en las maduras, y ha sido precisamente ahora cuando más ha brillado Frank, un solitario cuerdo entre la locura colectiva, el único que se mantuvo en su sitio mientras el temporal revolcaba a los demás.
Ha supuesto un ejemplo para todos: adecuadamente lejano a todos los medios y al célebre "entorno", ni una palabra más alta que la otra, unido con su vestuario hasta el final, comprensivo con sus jugadores hasta la ingenuidad (que diría Cappa), sabiendo ganar, con su serena alegría, y también perder, con esa última muestra de elegancia caballerosa en el pasillo más retratado del mundo.
Hacen salir a Rijkaard, se marcha un grande. En pie el fútbol español. Siempre he creído que la dimensión de un hombre no se mide por la compañía en una vida exitosa, sino por el número de personas que acompañan entre lágrimas a su féretro.
Coldplay- The Scientist
Fotos: Europa Press, EFEEtiquetas: Actualidad España., Perfiles.
Gurpegui zurekin gaude!

Cuando algo que se aparta de lo usual ocurre a quien no es atacable por los privilegios de la estirpe, nuestra sociedad tiene la costumbre de organizar dos juicios: el "oficial", previsto para depurar culpabilidades y resarcir derechos, y el "paralelo", abrupto por espontáneo, que gusta de la estrategia de tierra quemada sin hacerse responsable de las consecuencias.
Alguien se mueve más de lo debido entre la maleza de la vulnerabilidad; el silbato mediático toca a rebato amparado en la cobardía de la multitud. Sigamos el rastro de baldosas amarillas; sospechosos habituales, la presa favorita para la actividad de moda. Ha comenzado la caza.
Gurpegui dio positivo un fatídico 1 de septiembre de 2002 por niveles de 19norandrosterona muy superiores a los considerados fisiológicos. Ahí comenzó su calvario.
Se le secuestró la ficha federativa y se le perdonó hasta dos veces, le fue negado el más elemental derecho de defensa, no admitiendo siquiera pruebas médicas externas a su favor, y finalmente se le impuso una sanción desproporcionada y a destiempo.
Desde la más absoluta ignorancia farmacológica y fisiológica, el positivo existió. No soy tan fanático como para cerrar los ojos ante la evidencia de que algo sucedió y se debe investigar, pero tampoco soy tan flemático como para cerrar la boca ante un trato semejante hacia un jugador de mi equipo por la pureza del deporte. El fin no siempre justifica los medios.
Por eso, me asaltan varias dudas puramente lógicas. ¿Eran habituales las prácticas dopantes en el Athletic? Porque no ha habido ningún otro positivo ... ¿Se dopó a Gurpegui exclusivamente? Porque, puestos a dopar a uno solo, yo lo hubiera hecho con Yeste, por ejemplo ... ¿El jugador tomó algo por su cuenta? Porque entonces no sería coherente la actitud del club ...
Reflexiones vagas pero directas, punzantes pero imprecisas, con la única seguridad de que se ha destrozado la carrera de un futbolista con el tufo político de la nueva Ley del Dopaje al fondo.
Siempre he detestado los chivos expiatorios.
Limpiar la imagen del impío deporte español, incapaz de luchar eficazmente contra la trampa y la droga a ojos de todos, agravado desde la "Operación Puerto"; exhibir una cabeza desfigurada y agarrada por la cabellera, atraer a las moscas ...
En el siglo XVIII los condenados a muerte en Londres eran colgados en público en los muelles del Támesis. En 1740, el ciudadano William Duell corrió esa suerte, pero cuando depositaron su cuerpo en la mesa de disecciones, el forense se dio cuenta de que aún respiraba y tras dos horas de reanimación consiguió resucitarlo milagrosamente. Ante un hecho tan insólito, fue devuelto a prisión pero se le conmutó la pena por la deportación a colonias.
El de Andosilla ha vuelto a la vida, arropado por la gran familia que es el Athletic, que no le ha olvidado un segundo en todo este tiempo. No es cuestión de presentarle como un héroe ni como el símbolo de nada; además de presunto culpable, ha sido víctima de un sistema que le ha tomado como instrumento para un fin y de una sanción fuera de lugar consecuencia de un proceso que sonrojaría a la jurisdicción más bananera.

Hay en todo esto un único motivo de orgullo: comprobar una vez más que el Athletic tiene vida propia y una peculiar forma de defender lo suyo. A diferencia de otros, no se adueña de tus triunfos y se desentiende en tus fracasos; no socializa tus aciertos y te señala en los errores.
Carlos Gurpegui reapareció un 27 de abril de 2008 en pleno Bernabéu y ante un Real Madrid dispuesto a celebrar la Liga a costa del Athletic. Todo estaba preparado para la fiesta, pero el único que vivió un día de gloria fue un resucitado de entre los muertos. Cuando uno bajaba hacia Cibeles, veía a la diosa algo compungida, y a sus dos leones Hipómenes y Atalanta con un guiño cómplice en sus ojos. Tenían motivos para rugir: son leones, son del Athletic.
Podrá decirse que se le ha aplicado a Gurpegui un castigo ejemplar, con todo lo que supone utilizar a una persona; se habrá sido riguroso en la pretendida lucha contra el dopaje y la sacralidad de la competición deportiva, con todo el agravio comparativo a ojos vista; incluso habrá quien piense que se ha sido benévolo. Lo único que no se ha sido sin duda es justo, precisamente lo único que cabe exigir de quien imparte justicia.
Todos somos el Athletic. Todos somos Gurpegui.
Los Planetas- Un Buen Día
Fotos: El Correo
Etiquetas: Actualidad España., Athletic
Las bodas de plata de una ilusión.

Tal día como hoy, hace veinticinco años, el sueño de todo un pueblo se hizo realidad. Recién superados los tiempos oscuros, las décadas sin identidad, de cultura y valores reprimidos, las gentes de ese pueblo abarrotaron las calles de su tierra de festejos y los cielos de España de su grito de alegría desgarrado. Volvían a ser ellos mismos, una aldea de irreductibles soñadores frente al implacable avance del imperio del pragmatismo, del juego desvirtuado por el espectáculo y la virtud espectacular de quien no sabe jugar. Un lugar común de recuerdos, de nostalgia por el pasado y contagiosa ilusión por el futuro, hasta ese momento incapaz de ser feliz en presente. Pero los aldeanos más jóvenes y fuertes conquistaron la luz del mañana para aquella gente.
Tal día como hoy, hace veinticinco años, los nobles vascos se unieron para mostrar a todos el lazo impermeable de la sangre, el triunfo de las ideas milenarias, la sal de la tierra como condimento.
Se creían fanfarrones por defecto y ya tenían un motivo para sonreír, se sabían los reyes del mambo pero hasta entonces no podían explicar por qué. Habían escuchado muchas veces el vigor histórico de su espíritu, pero no entendieron hasta aquel 1 de mayo de 1983 el estruendo de un pueblo que estalla unido.
Tal día como hoy, hace veinticinco años, el Athletic era campeón.
Todo lo que ocurrió a partir de las 4.30 de aquella fecha, hora canaria, y en los días sucesivos se merece un recuerdo imborrable. El Athletic necesitaba ganar en Las Palmas a un equipo local que se jugaba la permanencia, pero también era preciso que el Real Madrid perdiera ante el colista de aquella temporada, el Valencia. La familia vasca se enfrentaba a esta carambola de imprevisibles consecuencias aparentando confianza pero, debajo del antifaz, mentalizada para morir en la orilla. Espera lo mejor y prepárate para lo peor, escribía Pessoa.
Las Palmas marcó pronto, pero aquel Athletic tenía poco que ver con lo que hoy conocemos y Sarabia y Dani remontaron justo cuando Miguel Tendillo daba forma al milagro: el Valencia ganaba 1-0 al Real Madrid. Cuando nuevamente Sarabia, Estanis Argote y Urtubi sentenciaron con el 1-5, el alma de los vascos se mantuvo en vilo, conteniendo la respiración sin poder posar los pies en el suelo y las fantasías más cerca de la realidad que de la luna de Valencia.
Después todo acabó, y como cuando suceden los acontecimientos para la historia, nadie era consciente de lo que suponía aquello. Quien mejor lo resumió fue el mítico Piru Gaínza: "No sabéis lo que habéis hecho!". Después llegaría la fiesta, el jolgorio, las memorables imágenes de la gabarra, la ría de Nervión, la basílica de Begoña, ... Aquellos hombres reservaron una butaca perpetua en el corazón de la memoria colectiva: Zubizarreta; Urkiaga, Liceranzu, "Txato" Núñez, De la Fuente; De Andrés, Sola, Urtubi; Sarabia, Dani y Argote. El once de aquella mítica tarde en Las Palmas. Pero también Goikoetxea, Gallego, Guisasola, Elguezábal, Bolaños, Patxi Salinas, Julio Salinas y Noriega.
Me temo que intento escribir acerca de un episodio cuya dimensión, por mi situación personal y emocional, me supera. Uno se imagina dentro de aquella vivencia y no es capaz de medir las distancias ni calcular las emociones, feliz y envidioso a la vez, siendo consciente de que es probable que me sobrevenga antes la muerte que una lluvia tal de sensaciones; dichoso aunque con un punto de lacónica amargura, sabedor de que realmente estuve allí, en brazos de mi madre, pero la Naturaleza no tuvo a bien permitirme ser consciente de lo que estaba pasando.
Supongo que el deseo ancestral del hombre por volar o ser capaz de viajar en el tiempo serán el equivalente a mi anhelo personal de vivir algo parecido. Sólo espero que, si alguna vez logro despegar los pies de la tierra, nada me impida tocar el cielo con los dedos.

Mientras pasa el tiempo, y la cita semanal con el Athletic es más un motivo fundado de temor que la esperanza de vivir una alegría, al menos una convicción nos guía: si seguimos siendo tan auténticos como sabemos, seremos tan grandes como queramos ser.
Era solo un título de Liga para un club que ha ganado 33 torneos oficiales, pero era especial por su significado. Demostraba a todo el mundo, pero a los sentimentales zurigorri en especial, que en la era del color y el fútbol profesionalizado aún había margen para que al Athletic el fútbol le reservara una pequeña porción de gloria. Hoy, 1 de mayo de 2008, en la edad digital y del fútbol globalizado, la duda es aún mayor porque la tarta se la comen los clientes antes que el propio pastelero. Que las lágrimas que derramamos al volver a ver estas imágenes rieguen la ilusión y mantengan vivo el sueño de nuestro Athletic.
Etiquetas: Athletic
Perdiendo el tiempo.

A Amadeo de Saboya le conocía el pueblo español como "Don Macarroni Primero", reflejo de su origen italiano y la escasa trascendencia que revelaba el personaje aun ostentando la Corona de España. Era el tercer hijo de Víctor Manuel II, rey de Piamonte-Cerdeña, lo que unido a su discreta mentalidad política y su nulo interés por la cultura le habría de convertir en uno más de aquel tupido abanico de príncipes europeos sin vocación ni colocación. Sin embargo, la inestabilidad en España y las maniobras del general Prim le reservaron un lugar de privilegio en la Historia que no le correspondía por linaje ni talento adquirido. Sea como fuere, Amadeo de Saboya supo aprovechar la circunstancia y reinó durante dos años, salpicando su matrimonio real con oscuras desventuras junto a damas bellas e intrigantes de la corte madrileña.
Tal vez, uno de los capítulos históricos más claros del éxito desde el manejo de los tiempos y las ocasiones en provecho propio.
Episodios así revelan la ineptitud de muchos en el Valencia, un club al que el propio mérito y las circunstancias del juego coronaron hasta en dos ocasiones y cuya vocación autodestructiva devolvió a un hueco cualquiera entre el pueblo llano. Con un ambiente convulso como capa de ozono y la guerra entre clanes como horizonte habitual, nadie parece recordar las señas de identidad que no hace mucho les hicieron grandes: un modelo basado en el trabajo y el equilibrio colectivo y un entrenador brillante y milimétrico, estudioso del detalle y obsesionado por las distancias. Cuando la renovación parece en marcha, enlazando con solución de continuidad la etapa antigua y la venidera, redoblando la apuesta por el futbolista nacional, el repliegue intensivo y los valores de la casa, se golpea el timón no se sabe muy bien por qué, se detectan focos de crispación no se sabe muy bien dónde y se humilla a los líderes de la caseta no se sabe muy bien hasta cuándo. Lo que no se sabe realmente bien es lo que le va a costar al Valencia recuperarse de todo esto, visto que al timón se le ha vuelto a tratar con violencia y han caído cinco hombres más al agua. Un ejemplo claro de dejarse manejar por los tiempos.

La idea nos da pie a hablar también del Atlético de Madrid, que deja entrever que no continuará su cuerpo técnico en el momento más inoportuno. Después de diez años rindiendo de mal en peor, se plantean saltar todo por los aires justo cuando verdaderamente escalan un peldaño, regresando a Europa por derecho propio (el anterior escalón que muchos le recordamos fue el ascenso a Primera ...). Es curioso lo del Atlético, seguramente la parroquia que más se exige desde el vicio adquirido del victimismo, de las chanzas sobre lo que puede y debe salir mal y desde el mito del "Pupas", creando un gigante monstruoso con pies de barro y zapatos de tacón.
El fútbol español necesita un Atlético de Madrid poderoso, pero antes que todo el Atlético de Madrid necesita saber cómo volver a serlo. Cuando el club mira hacia atrás, repasa una historia brillante que le produce vértigo, si mira hacia adelante sueña con un futuro al que no sabe cómo aproximarse, y cuando mira a los lados, encuentra a un rival ciudadano que devora títulos casi sin apetito y que le vence una y otra vez con una mueca de sarcástica piedad. Sólo le queda, pues, mirar hacia dentro, y descubrir, como en el caso del Valencia, los valores que un día le prepararon un asiento entre los mejores. Como suele decirse, hay veces que estas misiones son como buscar un gato negro en una habitación a oscuras ... en la que no hay ningún gato; lo más preocupante es que todavía hay quien grita "Lo encontré!".
Valga todo esto como claro ejemplo de no saber manejar los tiempos.
"Malgasté mi tiempo y ahora el tiempo me malgasta a mí", se lamentaba Shakespeare, en una frase que encierra tanta enseñanza para unos como temor para otros, pues demuestra que nuestra vida es elástica y que el éxito termina dependiendo del manejo de una dimensión que no conoce rectificación ni vuelta de hoja. Si el tiempo no es más que el espacio entre nuestros recuerdos, uno comienza a entender por qué algunos parecen tan desmemoriados ...
Nine Days- If I Am
Fotos: EFE
Etiquetas: Actualidad España.
Los amos del calabozo.

Alguna vez hemos hablado de cuál es la debilidad reverencial en algunos lugares, lo que demuestra ante quién se descubre un mundo cuando sabe que todos le miran: en España adoramos al futbolista como personaje protagonista de un drama tornado en
reality show; todo gira en torno a unos ídolos de cera que imaginamos vestidos de corto hasta cuando se meten en la cama. En Argentina, el centro de todo es la pelota como símbolo del azar y la espiral eterna que son el fútbol, la bola del mundo que todos anhelan dominar. Y en Inglaterra, el juego y el espectáculo se postran ante el aficionado, pues toda la estructura y la competición se organiza desde la convicción de que el negocio (premisa material) y los colores (premisa romántica) son de la gente; rehenes emocionales de un juego primitivo y vulgar, guardianes celosos de unos valores que ellos mismos exportaron. Ya lo tenemos claro: puestos a hacer reverencias, los ingleses son los más distinguidos.
La Premier League es, de un tiempo a esta parte, la competición nacional más valiosa del mundo, y para quien no resulten convincentes las cuestiones de estilo, allá van un par de evidencias: tres de los cuatro semifinalistas de la Copa de Europa son ingleses, viviremos la cuarta final consecutiva con, al menos, un representante de la Premier. Así que parece que contamos con un argumento más que tranquiliza a los que prefieren análisis simplistas para aleccionarnos mejor: parece que también los campeonatos en conjunto respetan la teoría de los ciclos. Tras la hegemonía española en el cambio de siglo (el renacer del gigante blanco, la final española en París, las dos gestas inacabadas del Valencia) y una tímida reacción italiana (con el glorioso 2003 y aquel estupendo Milan que se ahogó una mala noche en Riazor), ahora son los ingleses los que marcan el paso en la Europa futbolística.
La globalización y la apertura universal de las sociedades (y con ellas, de la mano, el fútbol) que marca nuestro tiempo es, entre otras muchas cosas, un proceso que difumina identidades y matiza convicciones: el mestizaje cultural nos abre la mente y nos cierra los ojos.
Cuando esta nueva realidad llega al fútbol, cualquiera puede jugar donde quiera y quien quiera puede contar con cualquiera, la mejor de las noticias para los gurús de las finanzas y el espectáculo y una advertencia para todos aquellos que juegan por una ideología.

Los ingleses han sido peculiares incluso para gestionar la obligada mundialización de su fútbol, atrayendo capital y talento extranjero y poniéndolo al servicio de la forma más antigua de entender este juego. No se han desnaturalizado ni han consentido que su invento se convierta en algo exótico ante sus propias narices, sino que han perfeccionado la apuesta enseñando a los de fuera tanto como han aprendido de ellos. ¿Cómo lo han hecho? Mostrando un inquebrantable orgullo de condición y una tradición cultural mostrada en la puerta de entrada a modo de contrato de adhesión: "éstos son nuestros principios y ésta es nuestra atmósfera; ahora enséñanos lo que sabes hacer ..." Claro que todo se complica cuando uno no sabe exactamente de qué sentirse orgulloso.
No nos resistimos a ser suspicaces con los ingleses porque se salen de la fila, no quisieron el euro, viven en su splendid isolation y conducen por la izquierda. Tal vez muchos no sepan que históricamente, el hombre comenzó a guiar a sus primeros caballos y vehículos por la izquierda, por un motivo sencillo de comprender: se prefería dejar pasar por la derecha a quien venía de frente por si había que echar mano de la espada u otra arma ... Lo que era una costumbre de varios siglos se modificó en buena parte de Europa por la proliferación de los carruajes y, sobre todo, por obra de Napoleón, quien extendió allá por donde pudo la obligación de circular por la derecha para diferenciarse de sus enemigos los británicos.
A veces, rechazamos por excéntrico a quien no es más que un centinela de antiguas tradiciones ...
Pulp-Common People
Fotos: Reuters
Etiquetas: Actualidad Internacional
Por una torta de uvas.

Es sencillo trazar el cordón que une al fútbol y la religión más allá del opio del pueblo, aunque sólo sea por el ejercicio de fe y de identificación simbólica e irracional con una institución humana y sus creencias. Lo que no resulta tan fácil es sostener que sea falso que a la mujer no se le haya permitido desempeñar el papel que merece en nuestros lugares privados de culto, aunque algunos lo intentamos: lo que no nos hemos permitido es el lujo de reconocerlo.
Los románticos soñamos despiertos con una ginecocracia en la que la pureza de espíritu y la belleza objetiva sean virtudes consentidas. El problema del romanticismo es que, al abrir los ojos, choca con la realidad, y sólo la certeza de poder cambiarla con la fantasía lo mantiene con vida. Tal vez por eso (capacidad para admirar, soñar, tener fantasías) siempre hay algo que lo protege ... Tal vez por eso, Dios encarga en el libro de Oseas al profeta que compre una mujer adúltera y prostituta, la ame y le prometa estar con ella por siempre "como ama el Señor a los hijos de Israel aunque ellos se vuelvan a otros dioses y gusten de las tortas de uvas pasas", en un poco disimulado intento de conceder a los soñadores una nueva oportunidad.
La torta de uvas se utilizaba como ofrenda de sacrificio idolátrico por algunas gentes, y se dice que representa el abandono de los valores porque las utilizaban como reclamo las prostitutas a las puertas de las ciudades en aquel tiempo.
El fútbol, que ocupa el lugar de un dios en el culto pagano, es también consciente de que sólo los ideales románticos son capaces de mantener vivo su espíritu en el corazón de la gente, sin dejar de ser un juego mientras las masas inundan el espectáculo y desvirtúan su mito. Así que concede una oportunidad de salvación tras otra a quien mejor lo juega, perdonando sus pecados sin necesidad de salvación. Con el Barça, se le está empezando a agotar la paciencia.
Desde que decidió premiar con la gloria a quienes jugaban con la pelota antes que a los que lo hacían con el detalle no ha sufrido más que decepciones. El fútbol confió en el espíritu libre de los creadores de juego y este grupo lo ha traicionado, perdido en un mundo de ostentación y guerra de celos; el referente del esfuerzo, el hambre y la dedicación cambió por el esparcimiento, los derechos sobre los deberes y el mínimo esfuerzo como seña de identidad de quienes, convencidos de su propia brillantez, consideran una pérdida de tiempo tratar de merecer algo que consideran suyo contemplándose el ombligo. El entrenador pensó en la mano dura una vez y se dio cuenta de los beneficios de la serenidad y en ésas sigue ahora, cuando la autogestión no sirve si el aire está viciado y ya no tiene sentido endurecer la mano.
El ciclo del Barcelona que asombró a todos nació con un audaz grupo de jóvenes
yuppies trabajando bajo la cortina de la sonrisa de un personaje diferente. Unos en el despacho y el otro en el campo lograron acercar el romanticismo a la razón: acercar fantasía y realidad sólo con devolver la ilusión. Por eso el fútbol, siguiendo el ejemplo de Dios con Oseas, ha enviado varias misiones de salvamento: ha vulgarizado a sus rivales (Real Madrid, Valencia, Sevilla, Atlético de Madrid), ha encargado a la fortuna alguna aparición estelar y hasta lo ha seducido con un contrato un poco más millonario cada año. Todo para nada.

A Ronaldinho se le ha corrido el maquillaje de tanto sumergirse en un mundo irreal, donde el fútbol también se conjuga en pasado y uno no está sujeto a obligaciones si llega a ser como Ronaldinho. Ya no hay sonrisa ni samba ni algría, no hay esperanza sin cambio traumático para todos, no se han querido escuchar los consejos (
http://piterino.blogspot.com/2007/07/el-sombrerero.html), aislado en una cinta para el pelo y enormes auriculares. El fútbol es compasivo pero también implacable, sobre todo con quienes engañan las fantasías con pequeños bocados de realidad, tunantes embusteros que exigen respeto con una mirada de cartón, golosos de tortas de uvas que nos vuelven a abandonar a nuestra suerte.
R.E.M.- Losing my Religion
Fotos: Marca, Deportista Digital
Etiquetas: Actualidad España.
Fraude de ley.

No hay duda de que nuestra vida cotidiana vive un proceso de juridificación profundo, también en sus ámbitos más simples. Nos inundan las normas y ordenamientos solapados incluso para bajar la basura y cualquier grupo de personas que se aúnan para algo dicta resoluciones con fuerza vinculante. No tengo claro si es que se desconfía tanto del Derecho que sentimos la necesidad de organizarnos a sus espaldas, o que lo admiramos tanto que sentimos la necesidad de que todo lo que hacemos se parezca a él.
El fútbol, siempre a la vanguardia de cualquier tendencia humana, está en las mismas, dirigido por siglas rimbombantes (reglamento de la RFEF, estatutos de la LFP, decisiones del CEDD, ...) e incluso enfrentado al propio Gobierno y a la Jurisdicción ordinaria. Todo esto se ubica en algún lugar a medio camino entre el mal necesario y el progreso prescindible. No se trata de desterrar todo orden y toda norma, pues no queremos un juego más asilvestrado de lo que ya es, pero decía Baltasar Gracián que las leyes inútiles debilitan a las necesarias, y creo que se trata de una sabia enseñanza. Porque además la primera conclusión que se me ocurre es que, cuantas más normas existen, con menos normalidad se resuelven los problemas y hemos tenido dos claros ejemplos en nuestro fútbol esta semana.
El fin de semana, un troglodita lanzó una botella al rostro de Armando en el campo del Betis, poniendo en peligro su retina y lo que le queda de carrera. El árbitro suspendió el partido y Competición tenía al menos tres normativas disponibles para resolver la cuestión, que es casi tanto como decir que podía decidir lo que le viniera en gana: el reglamento federativo, la nueva Ley del Deporte de 2007 y la llamada "jurisprudencia" de la UEFA. El cierre del campo era una consecuencia sin remedio para el Betis porque soportan la carga de la reincidencia (no ya en el salvajismo, sino en la buena puntería), pero la decisión de dar por terminado el partido puede servir desde "zona cero" (Segurola dixit) a partir de la que edificar un nuevo panorama para los actos violentos hasta un punto sin retorno que dará lugar a situaciones de injusticia.
En cualquier caso, la solución al problema plantea no pocas dudas: qué resultado ponemos si el Athletic fuera perdiendo, cuál si la botella alcanza al árbitro, tener claro si penalizamos el comportamiento violento de lanzar objetos, el buen tino en el gamberrismo o las dos cosas a la vez, ...
Al final, del episodio salimos todos defraudados porque no tenemos seguridad física en un campo de fútbol ni tampoco seguridad jurídica cuando se plantea un conflicto en él.
Días después, en las semifinales de Copa, un jugador del Racing cae al suelo dolorido. El Getafe continúa la jugada que desemboca en el gol definitivo para la eliminatoria y toda una ciudad vuelca su ira disfrazando de exigencia ética el llanto y la impotencia ante una oportunidad histórica. Resulta que el reglamento estipula que el árbitro será el encargado de detener el partido si juzga que un jugador está gravemente lesionado, mientras que si considera que sólo lo está levemente, esperará hasta que el balón no esté en juego. Como no tenemos suficiente con el conglomerado jurídico, introduzcamos también las normas consuetudinarias, elevando a rango de ley la costumbre de tirar la pelota fuera cada vez que un futbolista queda en el suelo.
Detener el partido no deja de ser un fraude al espectador y al propio juego, asumible en situaciones de infracción o fuerza mayor pero inaceptable como costumbre impuesta.
Sólo faltaba que el fútbol nos pretenda hacer creer que se rige por las normas de la deportividad y la buena educación, cuando entre todos lo hemos convertido en el colectivo menos deportivo y peor educado que uno imagina, defectos imprescindibles si se trata de ser modernamente competitivo. Sólo faltaba ...
Guns n' Roses- Live and Let Die