martes, junio 20, 2006

El punto de partida.


En 1986 fue una tanda de penaltis en cuartos de final; un gol de falta de Stojkovic en 1990 en octavos; el rostro ensangrentado de Luis Enrique en cuartos otra vez cuatro años después; en el 98 fue el estallido de una situación insoportable en primera fase; y, por fin, un árbitro egipcio en 2002... nuevamente en cuartos de final. Líneas de meta anticipadas para la selección española en el torneo más global y exagerado del planeta deportivo. Una desilusión tras otra cada cuatro años, una desilusión nueva, a veces inesperada.
La historia de España en los Mundiales ha sido la historia de un fracaso. Pero no porque siempre acabe mal, sino porque nunca empieza por donde debe.

Ahora estamos en 2006, y parece que todos encaramos el Campeonato con el gesto encogido a la espera de que la línea de meta se nos venga encima cuando menos lo imaginemos. Y quizá ese gesto encogido nos haya dificultado ver que, por primera vez en mucho tiempo, podemos haber escogido el punto de partida idóneo.
España ha tomado una decisión (bueno, en realidad la ha tomado Luis Aragonés, y con él todos los demás): si nuestro fútbol destaca sólo por la técnica y estamos sólo bien dotados de medios creadores, intentemos crecer a partir de ahí. Esto, que parece tan elemental, en realidad no es tan sencillo.

¿Y qué encontramos "ahí"? El balón. España sabe que nuestra principal arma es esa. Tener el balón, moverlo, dominar el partido. El centro del campo dice mucho de la identidad de un equipo, y lo dice todo de su propuesta. Si nosotros alineamos a Xabi Alonso, Xavi y Cesc la identidad y la propuesta se cogen de la mano y marcan el camino. El resto del equipo, el sistema, los jugadores, ... Todo lo demás depende de la medular. Los movimientos, la presión, los desmarques, ...
¿Tenemos un buen punto de partida?

Cuando un equipo se siente cómodo y confiado con su punto de partida, las restantes suertes del juego empiezan a sonreír: la posesión efectiva, las llegadas, el acierto ante el gol, la ilusión.
Y es que el punto de partida no es sólo ideológico, sino también espiritual. Ahí reside el alma de España y ahí tendrán que golpearnos si nos quieren eliminar.
En este momento cercano al inicio de un "nuevo" Mundial (la segunda fase), el rostro de España y su gesto ya no se encogen e incluso empiezan a sonreír. No sabemos cuándo se nos caerá la línea de meta, pero miramos atrás y sí sabemos que esta vez hemos partido de una decisión futbolística y de una ilusión con la pelota.


Foto: Marca

3 Comments:

At 2:34 p. m., Blogger hoeman said...

Posiblemente el mejor sistema de juego para los jugadores que ha llevado Luis. Por ahora vamos bien, aunque yo sigo siendo excéptico ya que ni Ucrania ni Tunez ni Arabia Saudí son rivales de entiedad suficiente para ver las verdaderas posibilidades de este equipo.

 
At 5:24 p. m., Blogger Csai D. said...

Quizás te guste este artículo que saqué hace unos días y que aborda lo que dices, la importancia de empezar bien, o con el pie derecho.

http://lluviablaugrana.blogspot.com/2006/06/gran-apertura.html

 
At 4:45 p. m., Blogger Elías said...

Estimado amigo Pedro,

he esperado mucho para por fin ver un artículo tuyo escribiendo sobre el mundial que iba a realizar y que está realizando España.

Siempre empezamos con ilusiones, pero en el primer partido siempre lo hacemos muy regular y las espectativas de triunfo se nos desvanecen. Pero parece que algo ha cambiado.

Es la primera vez que el fútbol de España en un Mundial nos ilusiona, que ya la gente habla de un estilo propio, el estilo de la furia roja, un fútbol de toque, de posesión, de una generación de futbolistas en el centro del campo que dominan el juego, los destellos de calidad y un talento que pocas veces vamos a ver.

Muchas gracias por hacer honor patrio querido amigo, aunque seas vasquito jajajaja...

Un abrazo querido Pedro

 

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